No me levanté con intención de recordar, vosotros tampoco, pero aquí estamos, vosotros ahí pero no solos, yo tampoco sola, pero si triste sí, dolorida sí, sí con esa mezcla de fortuna y dolor diluido con el paso de los días, meses, años.  Pero recuerdo el dolor de aquella llamada que me catapultó hacia una  realidad que habría cambiado sin dudar, una realidad donde había gente mala, muy mala y habían llegado para quedarse, una realidad donde hay momentos que cambiarán la vida para siempre de los que vivimos, sobrevivimos.

Recuerdo, el sonido del teléfono fijo, estridente a deshora, sobresalto -¿porque no sonó el móvil?- una llamada imprevista. Recuerdo la voz entrecortada por el alivio de saberme viva, lejos de aquellos amasijos de hierros, borrada la duda en la voz de mi hermana preocupada al no poder contactar en el móvil. Yo estaba a salvo. La voz al otro lado estridente, colmada de estupor, miedo y zozobra.

Me recuerdo inmóvil, complicada tarea la de respirar. Recuerdo el abrazo sobrecogido con el ser amado, más amada si cabe. Recuerdo asir el mando de la televisión, someterlo a un ir y venir de canales buscando aquél, que no encontré nunca, en el que se desmintiera la realidad de la muerte. Recuerdo la angustia en cada llamada, no funcionaba la red móvil supimos más tarde, algunos habían estado muy cerca de formar parte de las listas de heridos o fallecidos – no saben si sentirse afortunados, sienten vergüenza – están vivos, están vivas y ¿a salvo?, llenos de polvo y con el olor a humo y fuego impregnado en sus gargantas, en sus recuerdos.

Recuerdo las lágrimas compartidas con personas desconocidas por el mero hecho de sabernos vivas, vivos, compartíamos atascos impregnados de dolor, rabia, impotencia, pero sin prisa. Para que la prisa. Habíamos tenido tanta suerte. El odio relataba la lista interminable del aumento constante de fallecidos en la radio.

Hay muchos más 11 de marzo tras aquél, hay otras fechas llenitas de dolor, serían tantas lineas, tantos muertos, tantos que de verdad os digo, que no quería recordar.

4 comentarios en “11 de marzo. Recuerdo.

  1. Madrid se conmovió de dolor aquel 11 de marzo. Madrid y todos los sitios. A todos se nos encogió el alma (¿será el alma lo que se queda encogido después de tantos muertos?) esa mañana terrible de sirenas. Y a todos nos sobrevino el silencio horas después, cuando el polvo de las explosiones se posaba sobre las astillas, los cuerpos y el metal.

    Gracias por traérnoslo.

    Sé que siempre es mucho tiempo. Pero hay muy pocas cosas, aunque sean muy pocas, que sí duran siempre.

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  2. Joaquina -lo siento por la demora- me ha encantado tu comentario y que dificil equilibrio :
    haces emerger esos terribles momentos. Impresionante Gracias

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