CAMINAR SIN SUELO

Estos últimos años he descubierto con gran horror, que podemos caminar aunque el suelo desaparezca y nos deje con un enorme vértigo vital, un vértigo que en ocasiones te paraliza, en otras solo quieres correr hacia el vacío esperando no caer en él – o sí- , en otras descubres que retroceder es imposible porque ese retorno no es una posibilidad.

Imagino meterme en su piel y sentirme perdida, desconcertada, necesitar que me acompañe y me dé su mano para poder ir a algún sitio que no sé ni a cual es. He podido sentir su angustia, su dolor, he palpado el sufrimiento en sus pupilas cuando me mira desde algún lugar ignoto y partido en mil pedazos, ha perdido sus palabras algo que tan mágico, sintió siempre, cuando impartía sus clases de escritura creativa o cuando las recibía, ahora las busca y no las encuentra, ya no escribe, a veces la releemos otras solo nos consuela el abrazo silencioso, intentamos sostenernos desde algún lugar en el que podamos parar el tiempo.

Vivo con un agujero en el costado, vivo con el dolor e intento que no me paralice, vivo de los momentos sosegados y tranquilos, pero en ocasiones pienso que lado es el menos doloroso ¿el de la demencia y olvido recurrente o el mío de acompañante herida, consciente y sin suelo?

Existe un estado de viudedad que es Viuda de Vivos, hace referencia, por ejemplo, a las mujeres de los marineros que desaparecen en la mar y el cuerpo no aparece. Así me siento en ocasiones, cuando veo que todo avanza, cambia, se desmorona, cuando se desdibujan todos los trazos y ya no queda carboncillo en el mundo que pueda reconstruirlos, cuando con absoluto desconcierto me mira y me pregunta ¿Quién soy?, ¿porqué no sé quien soy?, cuando todo le es extraño y no reconoce nada de lo que hay al rededor ni siquiera sabe quien soy yo. La sangre se hiela, el cuerpo se paraliza como si alguien vertiera ámbar sobre mí, eso pasará mas veces me imagino, los recuerdos compartidos la hicieron volver, las imágenes de nuestra boda, nos abrazamos y pudimos parar, durante un segundo, el tiempo y el desconcierto lo olvidó poco tiempo después, yo no.

Camino sin un suelo seguro, sin un pensamiento tranquilo, sin un lugar en el que afianzar el paso para tomar impulso, a veces me da miedo buscar el impulso en el pasado, porque está tan marchito que quizá, al pisarlo, se derrumbe también.

Tienes que seguir adelante dicen pero ¿tengo que seguir adelante con un gigantesco agujero en mi costado? ¿Tengo que seguir adelante cuando no siento suelo bajo mis pies? Quizá tengan razón pero de momento busco la mía día a día.

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