CANICAS

Con los ojos cerrados, boca arriba, tumbada en la cama siento como las gotas de sudor que resbalan lentamente por mi sien y el cuello, se transforman en una colección de canicas, las imagino como esos objetos que todos hemos tenido en algún momento en las manos, que cuando los agitas aparece una especie de polvo flotando.

Intento levantarme para refrescarme y retomar el sueño, pero sigo tumbada boca arriba, observo cómo la luz del patio se filtra por la persiana. Me traslado a mi cama gallega, escucho gaviotas y las olas del mar suaves rompiendo en la orilla. Mis ojos infantiles observan las sombras chinescas que se proyectan en el techo de la habitación, lejano casi todo, no todo.

Vuelvo al presente. Sigo tumbada la flaqueza, el cansancio, la tristeza y el dolor, me dejan así. Siento las canicas. Me distraigo imaginando que llevan. Las hay de muchos colores. Negras porque la pena tizna cuando estalla, como describió tan bien Miguel. Azules con pequeños destellos de polvo de estrellas. Grises como el cielo otoñal gallego. Rojas por la rabia y la sangre que brotan de mi costado. Amarillas y Verdes las menos, pero ahí están.

Ahora en posición fetal, se deslizan otras de mis ojos, ahora no claros, negros como las canicas negras. Me giro, toco su mano, me la toma rápidamente entre las suyas. Sigue durmiendo. El tintineo de mis ojos me mece poco a poco.

2 respuestas para “CANICAS”

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