TOBOGAN ROBADO

Me recuerdo sentada frente a aquellos ojos. Enfrente a su izquierda, iracunda de rabia por no haber llegado a tiempo, era imposible pero la rabia permanece, acompañada del asco y asomando la venganza. Mientras sus ojos se anclan en mi alma, ya siempre portaré su dolor. Intentaré acompañarla de algún modo por el suyo. Es joven, muy joven, urge convencerla para que abandone en la cuneta, sus cicatrices, sus ojos rotos por el miedo, el dolor y la culpa tan dañina y absurda.

Me recuerdo abatida, con los codos apoyados en mis rodillas, con un intento de acercarme a su alma, susurro un lo siento y sus ojos anegados rasgan más mi alma. Llora. Inconsolable, no puedo calmar su dolor. Mis ojos la observan y se humedecen, ahora me observa con el entrecejo fruncido y susurra un tranquila no pasa nada.

Su cuerpo tan infantil, tan mellado, tan triste, tan …

Cuando se repone, me pregunta si le puedo dar un abrazo antes de irse. La abrazo y le susurro eres valiente, podrás volver a jugar, aunque ya no deslizándote por aquel tobogán robado.

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